Nancy Erica Ortiz - Nancy Ortiz: Pedagoga Integral. Facilitadora del Curso Los Niños de Hoy y Curso El Niño como síntoma. Se formó en Pedagogía Waldorf, Inteligencias Multiples e inteligencia Emocional.
EL ORIGEN DE “LOS NIÑOS DE HOY”

“Además de haber adquirido lo manifiesto heredado, hay una esencia única, que no responde a ningún modelo y que añade algo distinto e individual, es nuestro núcleo espiritual.”

El Origen Espiritual del Niño

El ser humano es el resultado de dos confluencias, dos fuerzas portadoras de información, verdad y guía. 
En una visión superficial, cuando nos encontramos con alguien, lo primero que observamos es su aspecto exterior: su rostro, cuerpo, modo de hablar, sus gestos, la forma de su nariz o las mejillas. Sin embargo, esto es sólo una parte de lo que somos. 

Todos habrán escuchado alguna vez lo siguiente: “Mira aquel niño, la nariz es del padre”“mira la risa de esa niña, es igual a la de la madre”
El ser humano tiene características heredadas del padre, madre, abuelos, etc. Esto demuestra un origen, primero, la raza humana, donde todos nos parecemos en la constitución de nuestro cuerpo. Pero yendo a lo individual, somos parte de una familia y esta nos aporta ciertas características.

Un niño nace en una familia determinada e ingresa a una línea hereditaria, pero lo heredado de la familia sólo es una faz de lo que es el niño en su totalidad.

Lo físico es de origen hereditario, comprobable a nivel científico a través de los genes. Incluso muchas veces hay tendencias emocionales o cualidades y dones, que son catalogadas como hereditarios. Muchas veces se oye decir “Es músico como su  padre” o“tiene facilidad para la danza, porque su madre es bailarina”. Sin embargo esto no es lo sorprendente. El niño pudo haberlo adquirido a través de los genes como también a través del ejemplo. Es decir, si el niño nace en un entorno donde la música o la danza es lo habitual, es muy probable que lo absorba como un aprendizaje natural.

Sin embargo lo sorprendente y mágico se da cuando un niño demuestra tener ciertos dones o cualidad sin que nadie se lo haya inculcado directa o indirectamente. Un niño puede presentar una tendencia que la familia no ha desarrollado ni tampoco tiene especial interés por hacerlo.
Por ejemplo hay niños que tienen tendencias hacia la música, muestran predilección hacia cierto estilo, por ejemplo música clásica, o se destacan en el dibujo, escriben poesías, cuentos o historias con una descripción, expresión e imaginación sorprendentes. O manifiestan un insistente deseo de aprender un instrumento. También sucede con aquellos niños extremadamente inteligentes, que incluso, superan a sus padres en sus preguntas y deseos de aprender. 
Todos estos ejemplos muchas veces aparecen en contextos totalmente ajenos a lo que es el cotidiano de la familia. Niños artistas, en un contexto familiar donde nunca hubo este interés ni facilidad hacia ello. Niños con alto grado de inteligencia en familias de padres que muchas veces ni han alcanzado los primeros grados de escuela. Estos son sólo unos pocos ejemplos en los cuales deseo graficar un hecho.

En síntesis hablo de Niños que tienen una fuerza dirigida hacia un lugar, lugar que ni la familia ni el entorno cercano, exploró o tuvo en cuenta jamás.

¿De dónde parte este interés o conocimiento?

En otras épocas eran sólo unos pocos seres los que sobresalían de su entorno, y por eso eran  llamados “niños raros” o “niños genios”. Y si sus familias lograban acompañar y encauzar este potencial, los niños se destacaban socialmente, se convertían en la adultez en genios de la época: artistas, inventores, revolucionarios, poetas, filósofos, pensadores, monjes. 
Pero ahora en cada rincón, en cualquier cultura, clase social, religión, nace un niño que quiebra la línea hereditaria, cultural o social y plantea algo nuevo.

El origen espiritual del Niño

Los padres desorientados y maravillados se preguntan:

“¿De dónde aprendió esto? ¿De dónde saca tales preguntas? ¿De dónde parte ese interés inquebrantable hacia aquella actividad?”
La respuesta precisa para estos padres es: El niño lo trae de su otro origen, de su origen espiritual.

“Y ¿por qué?” Pregunta otro padre.
“Porque si el rumbo de vida del hombre continuara en esta monotonía, las cualidades más elevadas de la raza humana se extinguirían. Han venido a aportar lo nuevo, o mejor aún, a recordarnos lo viejo.”

“Pero… Yo quiero que mi hijo sea como todos, como fui yo cuando era niño, que jugaba inocente sin tanto peso sobre mis hombros.” Dice otro adulto.
“Ellos no tienen peso, el peso lo tenemos nosotros porque sabemos que nos están proponiendo cambios. Ellos no perciben diferencia, esfuerzo, peso. Han venido naturalmente con estos dones.
¿Alguna vez alguien se preguntó por qué tenía una nariz y no dos, y sufrió porque pensó que tal vez dos narices hubiesen sido mejor que una? No, a lo sumo alguna vez nos percatamos de la naturaleza de nuestro cuerpo, pero sin peso, sólo naturalmente lo aceptamos. Los niños lo viven igual de natural, pero son los adultos los que perciben el cambio, y muchas veces se resisten porque lo desconocido causa temor y seguro propone algo nuevo.”

La concepción de la ciencia materialista y mecanicista hace esfuerzos por encontrar y demostrar que el hombre es resultado de su entorno, sus costumbres, cultura, o algo aún más cercano, de lo heredado de sus antepasados. Pero ninguna investigación, por más exhaustiva que haya sido, ha descubierto algo idéntico que proviene del pasado y se repite en el presente. 
Igualmente no deseo refutar teorías, considero que es una visión que está caducando. Sabemos que la ciencia se queda a menudo sin respuestas, y por eso muchas veces calla, otras medica, y otras, guarda en cajones información que no es conveniente hacerla pública.

Quien penetre por un instante en lo más profundo de lo que somos, descubrirá que además de haber adquirido lo manifiesto heredado, hay una esencia única, que no responde a ningún modelo y que añade algo distinto e individual, es nuestro núcleo espiritual.

Aquí vemos claro el doble origen del Ser Humano. Por supuesto que siempre ha sido así. La diferencia con esta época es que los niños que están naciendo traen un fuerte impulso espiritual, y es a menudo más fuerte que las tendencias heredadas. 
Los niños nacen en un contexto familiar y absorben lo que la familia les ofrece, pero a la vez manifiestan un destino, una meta, que si es reconocida y acompañada, tendrá un desarrollo saludable para él y para todos. Pero si no es reconocida ni acompañada, se volverá una fuerza trunca que acarreará distintas consecuencias según cada niño.

Hoy en día, aparece en jóvenes y en algunos adultos, el sentimiento de no pertenecer a su familia de nacimiento. Muchas veces se dice: Yo no comparto nada de lo que mi familia hace” “Ellos no me entienden a mí, ni yo los entiendo a ellos”
La respuesta a estas afirmaciones es: “Sí, pertenecen a esa familia. Han nacido ahí, pero también han nacido en otro lugar”. 
¿Y cómo se convive en armonía con estas dos fuerzas?
El punto donde estos dos orígenes conviven en armonía es en la conjunción de ambos. Hablo de la integración: Si rechazo mi origen terrenal, pierdo los potenciales que este origen tiene para ofrecerme o me ofreció. Así como, si niego mi origen espiritual, pierdo los potenciales que se desarrollarán al vivir lo más concreto de la tierra: el trabajo, profesión, familia, etc.
El punto perfecto donde no hay conflicto entre los dos orígenes es en la integración de ambas fuerzas. Ambas fuerzas son complementarias, sólo que muchas veces se encuentran enfrentadas porque no se ha logrado captar la esencia de cada aprendizaje.

Lamentablemente es habitual el rencor, dolor o resentimiento hacia la familia de nacimiento: “lo vivido no fue lo que se hubiese querido”. ¿Pero qué sucede si cambio el enfoque de esta percepción, si en vez de ver lo que no recibí, veo qué fortaleza interior adquirí por haber vivido eso mismo? Es decir rescato la esencia y libero el conflicto. 
Aquí un conflicto familiar, se vuelve un aprendizaje espiritual.

Toda vivencia trae detrás un aprendizaje que fortalece y engrandece mi Espíritu.
Quien no ha sabido metabolizar una experiencia en fuerza espiritual, no ha podido pasar de la polaridad a la unidad, quedándose a mitad de camino. Y esto se traduce en dolor, rencor, resentimiento, ira, desconcierto o sensación de ser víctima de una situación.
La imagen para comprender esto es la siguiente: Estoy transitando un camino, hasta que algo me detiene, no lo entiendo, no lo acepto, no lo quiero, lo rechazo, lo niego, lo agredo. En vez de continuar mi camino, ahí me quedo. Coloco toda mi fuerza en cavar un pozo debajo de mis pies donde echaré todo lo que no quiero aceptar. 
Le dedico tiempo y energía a ese pozo que cada vez es más profundo. Estoy dentro de él. Se me hará difícil salir de ahí, aun así el rencor puede más y continúo cavando.
En vez de continuar mi camino, tomar lo esencial de lo vivido, decido quedarme mirando hacia atrás y hacia abajo, en vez de mirar hacia adelante y arriba.

Podemos encontrar respuestas en nuestro origen espiritual, pero jamás este nos traería  conflicto, angustia o nos instaría al rechazo hacia otras personas. Por supuesto que esto puede suceder, pero es importante trabajarlo. Reconocer que es lo humano lo que duele, y que hay algo más dentro de mí que se eleva por sobre el dolor.
Para que el salto interior me permita salir del pozo en el cual me coloco, debo dejar de mirar las carencias para percibir las esencias.

Un mismo hecho puede ser negativo o positivo para mi existencia, todo dependerá de cómo lo mire y lo viva. Esto transformará mis siguientes pasos.

Un niño nace, trae su cuerpo nuevo, resultado de la unión de un padre y una madre, y a la vez, trae un Espíritu viejo, resultado de sus vivencias anteriores, vivencias que lo han hecho grande, sabio, conocedor, aspirador de un nuevo tiempo.
Es por eso que estando delante de un niño, un adulto jamás debiera sentirse superior, esto sólo será un obstáculo para descubrir su Fuente. 
Pero cuidado! No se trata de decir, de explicarle al niño su origen espiritual. Lo aclaro porque a los adultos les encanta hablar, y hablando se esconden detrás de las palabras. No se trata de hablarles, se trata de despertar a esta realidad. Ya que cuanto más despierto se está frente a un niño, cuanto menos mente, estrategia, fórmulas viejas quiera poner en práctica, cuanto más receptivo, intuitivo y VIVO se esté, más permitirá salir su espíritu al encuentro del espíritu del niño. Y aquí se producirá lo nuevo, se potenciarán las fuerzas. Porque si ese niño ha llegado ante usted es porque hay algo aún por descubrir.

Verá que lo difícil se hará fácil, porque sólo se hace difícil cuando queremos tener el control y manejarnos bajo lo conocido. Estos niños nos recuerdan que somos Espíritu en un Cuerpo.
Nos dicen “Despierten, perciban, jueguen, RECUERDEN. Sean libres, flexibles, valientes, frescos, LIVIANOS como una pluma que viene viajando desde otros tiempos.”

Autora: Nancy Erica Ortiz
Creadora del curso "Los Niños de Hoy"
www.caminosalser.com/nancyortiz

Edición: Normi Sartori

 

 


 

Los Niños de Hoy: ¿Qué está sucediendo con la educación y la salud actual?

Buscando nuevos enfoques de la educación y la salud

Hoy en día son muchos los docentes, directores de escuelas y profesionales dedicados al área de la salud física y psíquica que están replanteándose su tarea, el sentido de su tarea y hacia donde van a dirigirla en esta época. ¿Por qué está sucediendo esto?

La humanidad está en crisis, todo lo que hasta este momento fue considerado concreto y veraz, está resquebrajándose dejando al descubierto lo que está inconcluso y carente de sentido. Esto se evidencia en todos los planos de la vida cotidiana, pero el plano más afectado y comprometido es el emocional-espiritual, y en el espacio que más aparece esta crisis es en las relaciones humanas. Lo más cercano en donde podemos percibir que se manifiesta este caos, es en las relaciones laborales, la pareja, la familia, y a gran escala, en el caos social que en definitiva sólo está mostrando lo que individual e internamente está sucediendo: crisis emocional y espiritual, pérdida del verdadero sentido de la existencia.

Los niños son en gran parte los emergentes que dejan al descubierto este principo de hundimiento social. Muchos de los sistemas educativos formales o tradicionales quedan obsoletos, no alcanzan para abordar la problemática interna que manifiestan los Niños de Hoy. Los profesionales que trabajan con niños se preguntan por dónde, cómo y para qué. Notan que las consultas han cambiado, que lo que antes servia como solución viable, hoy ha perdido valor.
Las nuevas miradas de los niños, sus  profundos planteos, la angustia y tristeza que los arrastra al aislamiento y soledad, la irá y agresividad incontrolada, la hiperactividad, la desmotivación y desgano, todo esto preocupa tanto padres como a docentes y profesionales de la salud.
Docentes, directores de escuela y terapeutas se encuentran sorprendidos por el gran número de familias necesitadas de respuestas, y por sus recurrentes pedidos de guía y ayuda perdurable para sus niños.

Si hablamos de nuevos niños, debemos hablar indefectiblemente de Nuevos Adultos. Adultos flexibles, abiertos, con capacidad de crear en el instante nuevas formas de llegar al Alma Espíritu del niño. Adultos con la capacidad de ver el problema como una manifestación espiritual, como una necesidad del alma de ser vista y considerada como única.
Se piden nuevos enfoques, se requiere una actitud abierta y perceptiva. Se necesita fuerza para abrir nuevos caminos, y valentía para creer en la intuición y en los nuevos conocimientos. Es vital que comencemos a considerar al Espíritu como parte viva de la conformación del ser humano. Cuerpo, mente, Espíritu en unidad requieren la comprensión, su cuidado y cultivo. Es necesario comenzar a trabajar acompañando al Ser espiritual del niño.

Y aquí hay una gran clave que si es descubierta marca el principio: El cambio no debe ser circunstancial u obligado debido al desesperado momento, debe de ser verdadero y debe plasmarse primero en la vida del adulto. Se trata de una transformación interna, no de cambiar viejas fórmulas por otras nuevas más coloridas y bonitas a la vista. Las fórmulas no son suficientes, éstas sólo pueden acompañar un proceso como herramientas, pero la esencia de lo que se ofrezca debe partir de un núcleo vivo: Del Ser Espiritual del Adulto hacia el Ser Espiritual del Niño.

Aquí está lo esperanzador, el cambio se está viendo. Padres, docentes, médicos, psicólogos, psicopedagogos, distintos terapeutas están investigando nuevos abordajes, y a la vez como resultado, transformando su vida y su conciencia de ella.
Muchísimas consultas de padres manifiestan que gracias a ciertas problemáticas de sus niños, o de algún niño de la familia, han abierto su camino, han cambiado notablemente el enfoque de su vida comenzando a considerar lo intangible como lo más concreto. Muchísimos testimonios de profesionales indican también que gracias al cambio visible de los niños y sus dificultades en acompañarlos armónicamente, comenzaron a buscar nuevos horizontes, y con ello su vida dio un profundo vuelco personal y profesional.

Como humanidad esto marca el comienzo de un gran cambio. Comprendo que al principio puede surgir un sentimiento de desolación: “me siento sólo”, de desilusión: “todo lo que hice hasta ahora no sirve”, o un sentir de que todo es muy grande, que la corriente del sistema es un pulpo que abarca muchos aspectos y que pareciera invencible: “No voy a poder con todo”. Puede sentirse, es natural, pero en cuanto notamos que en realidad no hay nada contra que luchar, que la búsqueda es un afirmarse internamente con la convicción en lo que Es, no en lo que no es, si dejamos aparecer la esencia Espiritual más sabia descubriremos que allí sólo existe la profunda certeza y seguridad en si mismo.

Médicos, docentes, padres, terapeutas, psicólogos están sintiéndose llamados a abordar el acompañamiento del niño de forma más profunda. No es casual que esto suceda, estamos en un momento de transformación, de revalorización y redescubrimiento. Uno a uno los Seres Humanos estamos despertando e invitando a otros a que despierten. Una a una las conciencias se iluminan y se juntan generando un foco de Luz, como un eco que sale de uno y traspasa a otros despertando una pregunta haya o no conciencia del cambio.

Una célula nueva despierta, una chispa interior comienza a brillar, surge una intuición, un llamado, nuevas reflexiones, preguntas sin respuestas que incomodan y motivan a buscar, este es el comienzo del cambio.
Ahora TODO se resignifica. El sentido de una fuerte misión aparece, una misión en donde todos, cada uno, tiene un rol que llevar a cabo. Es un gran compromiso que con alegría, equilibrio y constancia puede colaborar con un cambio de conciencia global.
Primero nuestros ojos ven, luego con nuestra conciencia nos transformamos, con la acción ponemos una semilla, y lo que pasa después es digno de Ser vivenciado.

Autora: Nancy Erica Ortiz
www.caminosalser.com/nancyortiz

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